Canibalismo y antropofagia en el sur Argentino. Comiendo Turcos 1910.

turcos 4 El horror, si esa sonrisa final que nos trasluce el miedo. Esa respuesta en labios tensionados. Ese rictus inconfundible que compartimos con los primates. Seres tan alejados y precisos en sus costumbres que son el lado bueno de la creación. El lado oscuro, es la humanidad que llega a donde solo algunos leones salvajes llegan, comer de la carne del igual. De la carne humana, que según muchos degenerados, tiene que ser sazonada cordialmente por especies como el tomillo, cilantro, hinojo, y pimienta negra… La imagen de aquellos Turcos jamás hubieran sido el plato de la noche de Anibal Lecter. Porque esto sucedió en 1910, si en los primeros 100 años de la República Argentina, el año que el cometa Halley paso “muy cerca” de la tierra. Quizás esos maleficios conjurados por muchos alquimistas y brujas cayeron sobre estos Turcos como el reflejo de la cola del cometa. Esta es una historia real, una historia de gente que se come gente, la historia por la que durante mucho tiempo en el idioma del arrabal, ser cabeza de turco era perder absolutamente todo… El gentilicio Turco alcanza en nuestro país a sirios, libaneses, jordanos y obviamente turcos. De las grandes inmigratorias llegadas a estas playas en el siglo pasado, los turcos ocuparon el tercer lugar, después de españoles e italianos. Se integraron al medio ambiente sin problemas y al poco tiempo fueron criollos que montaban a caballo por el lado derecho y galopaban de costado. Tampoco la política le era ajena, eran radicales, lomos negros, jamás anarquistas. 1910 nace eufórico, la República cumple cien años, la infanta Isabel se paseara por las coquetas calles iluminadas. Pero hay una noticia que pone en vilo y desemboca en una oleada de informaciones sensacionales de ribetes gravísimos. Para colmo la prensa “amarilla llevo a la opinión publica a regodearse con las descripciones de escenas espantosas de crueldad y antropofagia. Estas noticias fueron muy perjudiciales para la República la noticia ubico al país ante la consideración mundial como a un pequeño estado del centro de África Faltan seis días para finalizar enero de 1910 y una noticia procedente del territorio de Rio Negro hace poner la piel de pollo a los que leen. Un cable fechado en Fuerte General Roca da cuenta de la detención de una banda de caníbales. ¿Caníbales en la Argentina? Rio Negro cuya superficie de 203.013 km2, superior a la de de la República Oriental de Uruguay. Existían pequeños grupos de poblaciones muy separadas entre si y alejadas de importantes pueblos, sin caminos ni comunicaciones de ninguna índole. El ferrocarril llegaba hasta General Raca, este era el centro neurálgico de los movimientos mercantiles y comerciales de todo ese territorio. Era una extensa zona semi poblada que eran surcadas por vendedores ambulantes, tarea que involucraban sustancialmente a los turcos. Estos se surtían de mercadería en Roca y salían de a dos o tres hacia el sur llevando un capital de 1500 y 2000 pesos en mercadería, baratijas y chucherías. General Roca era una localidad triste, como casi todas las de tierra adentro, pero tranquila, fundada en 1899, en el lugar que hoy ocupa, después de que una gran inundación por desborde del Rio Negro destruyera la antigua situada a tres kilómetros más al este. La población era de 1200 almas, carecía de municipalidad en su lugar había una comisión de fomento sin atribuciones, sin derecho y sin autoridad, un lugar a la buena de Dios.. Hasta este desolado lugar habían llegado los turcos, Fueron tratados familiarmente por los roquenses y en corto tiempo tenidos en cuenta como vecinos mas antiguas del paraje aquel. Selim, Halluy, Nasif, Hasmed Daine Faid Eldin, son solo algunos de sus nombres. Donde comienza el pecado turcos3 A los vecinos le había llamado la atención que en los últimos tiempos los turcos que salían en los últimos años, es decir desde 1905, jamás regresaban. En septiembre de 1909 sale temeroso el turco Jose Elias, de Roca. Había quedado con un proveedor, Eldahucz, que indefectiblemente regresaría a fin de noviembre de lo contrario este proveedor tendría que hacer la correspondiente denuncia. La denuncia se hizo, pues Jose Elias, nunca regreso. La denuncia cayo en la comisaria de El Cuy, un minúsculo pueblito ubicado en medio del desierto. José M. Torino, comisario del lugar, conocido por sus brillantes pesquisas, comienza con la investigación del susodicho turco.. Tarea nada fácil, puesto que esa región constituía una inmensa zona prácticamente deshabitada. Los centros de población mas grande eran El Cuy de 150 persona y Lagunitas de alrededor un centenar de seres. En las proximidades de Lagunitas detuvieron a varios indios, quienes al ser interrogados cayeron en evidentes contradicciones y luego, acosados por hábiles preguntas, confesaron otros crímenes que no tenían relación con el del turco Elias. En Lagunitas detiene a un menos llamada Juan Aburto, que al ser interpelado, confeso que en el toldo de Ramon Sañico, quien fugo apenas tuvo conocimiento de la presencia policial, habian matado hacia algunos días a tres sirios, y que en otras ocasiones diferentes habían asaltado a turcos que alli llegaban, matando también a los indígenas que los acompañaban. Por lo que podía entenderse de las confusas declaraciones, los crímenes venían ocurriendo desde hacía cinco años. El total de turcos sumaban la friolera cifra de 130… El comisario Torino apreso casi simultáneamente  en diferentes parajes en grupos de tres o cuatro indios a toda la banda. Un operativo sensacional. En la casa de Villa la policía encontró infinidad de objetos que el aborigen no supo explicar la procedencia . A su hija la descubrieron mientras trataba de esconder una cartera y un reloj. En ese lugar inhóspito la mayoría de la población eran de origen chileno, la descripción de estos personajes perturban a mas de un observador sobre la línea finita que existe sobre los otros casi de modo terrorífico y quizás hasta ensañado por una cuestión de clases o orígenes diferentes: “…embrutecidos por el alcohol, el aislamiento y la influencia de algunos capitanejos mas atrevidos que los demás, desolaban a los comerciantes que se atrevía a llegar a aquellos parajes inhóspitos. Eran por lo general haraganes y vagos. Eran ladrones por habito. En 1909, desaparecieron en el departamento 9 de Julio 50000 ovejas, muchas de ellass pasaron a Chile.” Desde el punto de partida Roca, hacia el sur, los turcas recorrían esas vastas inmensidades en dos  o tres meses. Tenían que pasar indefectiblemente por Lagunitas. Y allí comenzaba su tribulación hacia la muerte… Los comerciantes turcos llegaban y enseguida se dirigían a cualquier rancho existentes, donde bien pronto los indios malos le hacían círculos y empezaban a elegir artículos y prendas de vestir. Cuando mas distraídos estaban los pobres turcos, cuatro o cinco de los forajidos se lazaban sobre ellos y los ultimaban a puñaladas. Claro que esta era una descripción oficial pues no había quedado ningún turco sobreviviente y solo podía “declarar” los indios arrestados por Torino y su troupe de investigadores gauchescos. Una ves muertos, se procedía a la repartija de mercadería, el capitanejo era el que obtenía la mejor parte del botín. La complicidad de los comerciantes de la zona era evidente, los ladrones acudían a las pulpería y allí cambiaban su botines por alcohol, tabaco, yerba mate y algunos comestibles. El bolichero sacaba el rédito ofreciendo cifras irrisorias y luego cerraba el negocio otorgándole la mercadería por la suma acordada. La justicia obvio a los bolicheros de culpa y cargo, nadie se pregunto por que estos sujetos compraban los artículos, que con anterioridad los mismos turcos le habían ofrecido a ellos para sus establecimientos, en cambio los indios, todos los que se podían encontrar fueron acusados y llevados al cadalso. Silueta moral de los bandoleros (extraído de las crónicas de la época) “…Pedro Villa, jefe principal de la banda, entre 55 y 60 años, Cínico, embustero e hipócrita. Hábil simulador . Cuando la policía llego a su casa, que era la única de material y cinc, encontró a Villa sin resistencia a la autoridad y también entrego a sus esposas.” “…Juan Cuya: probablemente el tipo mas repúgnate de todos (sic)…Mantenía relaciones con funcionarios chilenos y era cuñado de un juez de paz de esa nacionalidad (..) en una de sus declaraciones, interrogado si era cierto que habia probado sangre humana, manifestó que una sola ves había comido un bocado y que no pudo tragarlo agregando; “lo hice porque los que estaban conmigo me obligaron y por no ser menos guapo…(sic)” “…Julian Benigno Muñoz; había estado confinado en la isla Martin Garcia, su hijo manifestó después de los “interrogatorios correspondientes” que en su casa se habían perpetrado en distintas fechas los asesinatos de 16 turcos. “…la figura mas importante del elemento femenino era Antonia Goyche, alias “Mancagua” quien no fue arrestada por su avanzada edad, se cree que contaba con mas de 80 años. Vestía diariamente de hombre y caso curioso sirvió en el ejercito enrolada en Barriloche en 1887(…) Era la curandera del lugar, respetada y temida. Presidia las fiestas donde se emborrachaban y en mas de una ocasión se cometían los asesinatos de los sirios (…) relataba uno de los indios; “Antonia es muy brava cuando se enoja, acostumbra a hacerse un tajo en el brazo y chuparse la sangre haciendo exorcismos tendientes a invocar o espantar el gualicho, el diablo”. Antonia nunca alentó un crimen, pero pedía ante el conocimiento de alguna muerte pedía a los salvajes los corazones, los riñones y el hígado a fin de hacer los diferentes brebajes y remedios que los salvajes le atribuían acciones benéficas (…) Era la Machi, y en su casa la acción policial descubrió varios corazones disecados  (sic).” “…estas fiestas eran llamadas  “Camarruco”, fiestas realizadas entre marzo y abril, entre yerras y carreras  y sin presencia del huinca abundaban en alcohol y gritos endemoniados (…) varios de los turcos perecieron durante estas ceremonias.” turcos2 Final abierto, sin saber sabiendo; ¿hubo canibalismo o no? Lo raro que jamás hubo pruebas, los cuerpos según los peritajes “fueron quemados, luego de ser descuartizados y llevados en trozos a algún lugar de la sierra(sic).” Luego de otra ronda de “interrogatorios” Castro uno de los detenidos, dijo “que mientras incineraban el cadáver a alguien se le ocurrió que la carne así churrasqueada no debía de ser desagradable, y el bruto corto un pedazo y comenzó a comerlo”. “Entonces los demás para no quedar como flojos, hicieron lo mismo, se encontraban borrachos, como siempre, comieron un par de bocados pero no lo pudieron tragar, de ahí nació el dicho entre ellos, mas feo que carne de turco” (sic). Pero la otra cara de la historia de los detenidos y el comisario héroe Torino, es mas cercana a la realidad de un país que hostigaba ostensiblemente a los indígenas de esta parte del país por el tema de sus tierras y riquezas telúricas y la intromisión de intereses comerciales chilenos y políticos argentinos que se beneficiaban con estos lazos comerciales ilegales.  Al llegar a el Fuerte General Roca, el comisario Torino debió afrontar cargos por abuso de autoridad de parte de los presos, declaraciones que lo llevaron a la cárcel por cuatro años. La comunidad sirio libanesa salió en su defensa aportando dinero y abogados en un intento por ayudarlo. Así de agradecidos estaban estas personas con el policía. Acusaron a Torino de haber torturado a mansalva a los prisioneros para recabar información.  Torino debió afrontar vejámenes durante su traslado y posterior estancia en la cárcel, mientras que los procesados fueron liberados por faltas de pruebas. Los asesinos de árabes recuperaron la libertad, el comisario quedo encerrado junto a prisioneros que al reconocerlo, le hicieron la vida imposible sin que ningún funcionario gubernamental saliera en su defensa y nadie buscó los restos de los desaparecidos ¿por qué? … Tal parece que Torino tuvo la mala suerte de arruinar el comercio espurio de algunos poderosos quienes se vengaron moviendo influencias entre los vericuetos del poder político y judicial territorial. Se deduce por las pruebas preservadas, que los mapuches chilenos no habrían actuado por propia iniciativa sino que fueron la punta de lanza de una organización internacional dedicada a comerciar en Chile productos robados en Argentina. Chucair comenta que miles de lanares cruzaron la frontera hacia el país vecino, y que nada de lo sustraído a los árabes se recuperó. El hecho es que varios diarios llenaron sus hojas de canibalismo, indios y comisarios. Solo como un hecho sombrío que ennegrecía estos cien años de la patria. Sin darse cuenta que la paradoja se encontraba frente de este cosmo salvaje y desordenado que es la fuerza de la información amarrilla bien vendida. AL FINAL TODO ES LO QUE DICEN LOS DIARIOS DE AYER… turco 5