Diccionario Juvenil 2010. (estudiantil-tumbero)

Este Pequeño Diccionario de  Jovenes en Democracia (nacidos durante todo el periodo constitucional) viene a llenar el vació de entendimiento que hoy tiene los educadores y padres sobre el complejo idioma de los futuros “dueños del país”. Claro, estas décadas de peronismo de la mas sostenida laya han dado como resultado un perturbador sonido tumbero en los diálogos adolescentes.  Si algún desprevenido cree que esto es un ataque sectario, y solo involucramos  a cierta parte del conjunto, equivocado está. Muchos de los llamados, chetos , como ocurren en todo el mundo, se sienten atraídos por el encanto de lo “fuera de la ley” “mala junta” “vagancia” “esquina” o “tumberos”. Hay otros que se deprimen y gastan fortunas en bailar solos tomando agua o cortándose el pelo extrañamente para decirle a la sociedad lo enferma que se encuentra… La violencia no esta de un lado de la balanza, esta en el centro, la medida (peso) es la jarra loca o la colocación justa; una noche de dos días corridos. No somos nadie para juzgar, pues primero deberíamos hablar de lo que nos corresponde, pero seres “políticamente correctos” no nos aguantamos una patada en la dientes, diría un amigo. Crecemos y envejecemos placenteramente apoyando nuestras nalgas en sillones de trabajo y de ocio.  En oficinas, en talleres o fabricas, sin conexion alguna con ellos. Miramos y opinamos como aquellos que puteabamos cuando teníamos esa hermosa edad y preciosa cantidad de hormonas. La generación del   ” no me importa nada, ¡¡aguante!!” esta entre nosotros y llego para quedarse.         !!! Corre guachin¡¡¡

*Material de texto: Forma parte de un skecht radial del programa numero 21 de PAGADIOS RADIO

Aguileando: intención de tener sexo con alguien a quien se ha elegido.

Alto: bueno, excepcional.

Armeti: armado de cigarrillo.

Astilla: repartir el botín de un robo o cualquier otra cosa.

Auto: homosexual pasivo.

Bajá cancha: invitación a pelear.

Bondi: problema.

Brillo: azúcar.

Carpuseando: mira a alguien con intención de tener relaciones sexuales.

Coche: homosexual pasivo.

Colino: loco.

Corchito: cigarrillo con filtro.

Corte: por ejemplo.

Embroyo: carpa hecha con frazadas que se usa para tener relaciones sexuales.

Feite: máquina de afeitar.

Fiche: oficial de policía.

Fuelle: calentador.

Gato negro: sirviente.

Gorra: policía.

La piloteo: que maneja muy bien la faca.

Mangangá: tonto.

Marmita: cacerola.

Media astilla: mitad.

Media teca: más o menos.

Merluza: cocaína.

Mira: espejo.

Monono: algo lindo o bueno.

Mulo: sirviente.

Pajarito: bebida alcohólica, elaborada clandestinamente por los internos. Se compone de levadura, agua de arroz, azúcar y fruta rallada.

Palmera: cama.

Paloma: bolsa atada a una soga que se descuelga por las ventanas y en la cual se transporta fundamentalmente comida entre los pabellones.

Pingüino: estúpido.

Pitufear: ir de un pabellón a otro, sin autorización del guardia. El término deriva de un grupo de internos a quienes llamaban “pitufos”.

Pomodoro: puré de tomate.

Producto: huevo de gallina.

Reflaco: no creíble.

Rescatarse: darse cuenta.

Sacar mano: hablar mal de otra persona.

Sapo: candado.

Soldado: interno que prepara las facas para la pelea.

Tocar pito: llamar la atención.

Transa: vendedor de droga.

Verduga: mujer, esposa.

Zorzalera: cama alta.

Pulso: minutos telefónicos

Marroco: Pan

Tumba: comida   

Muchas de las palabras y expresiones anotadas tienen un uso efímero: cuando pasan a ser comprendidas por otras personas, especialmente por la policía, dejan de emplearse y son reemplazadas. Esto hace de la germanía una jerga en permanente transformación. El futuro llego hace rato…

ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD (ELLOS TE MANTIENEN ENFERMOS)

A lo largo del siglo XX, la industria farmacéutica se desarrolló y organizó con el objetivo de controlar los sistemas sanitarios de todo el mundo mediante la sustitución sistemática de terapias naturales no patentables por sustancias sintéticas patentables y, por tanto, lucrativas. Esta industria no evolucionó de forma natural. Al contrario, fue una decisión adoptada por un puñado de empresarios adinerados y sin escrúpulos que querían hacer una inversión. Ellos identificaron deliberadamente el cuerpo humano como su ámbito de mercado con el objetivo de generar más riquezas.

La fuerza motriz de esta industria de inversión fue el Grupo Rockefeller. Éste controlaba ya más del 90% de la industria petroquímica en los Estados Unidos en el cambio de siglo del XIX al XX, y estaba buscando nuevas oportunidades de inversión a escala internacional. Otro grupo de inversión activo en este sector se formó en torno al grupo financiero Rothschild.

El Cartel y la IIGuerra Mundial

Después de la Standard Oil de Rockefeller (hoy Exxon), el segundo conglomerado de empresas farmacéuticas y petroquímicas más grande del mundo durante la primera mitad del siglo XX, fue del grupo IG Farben con sede en Alemania. Este conglomerado de empresas fue el factor principal que explica la subida de Hitler al poder y su invasión conjunta de Europa y del mundo. De hecho, la Segunda Guerra Mundial fue una guerra de agresión preparada, comenzada y dirigida desde los consejos de planificación de IG Farben. Ésta fue la empresa matriz de IG Auschwitz, la planta industrial más grande de este cartel de la industria química fuera de Alemania.

Gran parte de la riqueza de este cartel se acumuló con la sangre y el sufrimiento de los esclavos que trabajaban en sus fábricas, incluidos los del campo de concentración de Auschwitz. IG Farben apoyó y utilizó sin ningún escrúpulo a los gobernantes políticos alemanes con sus poderosas armas, con el fin de conseguir el dominio económico sobre toda Europa y el resto del mundo. IG Farben fue la accionista principal de la Standard Oil de Rockefeller, y viceversa. En aquel momento, la victoria de las Fuerzas Aliadas sobre la Alemania Nazi acabó con los planes de IG Farben de convertirse en el conglomerado farmacéutico y petroquímico más importante del mundo. Al mismo tiempo, Standard Oil y las otras empresas farmacéuticas y petroquímicas del consorcio de Rockefeller se convirtieron en el grupo financiero dominante de esta industria, y desde entonces han mantenido esta posición de liderazgo.

En el Consejo de Crímenes de Guerra de Nuremberg de 1947 contra los directores del cartel IG Farben, algunos de ellos fueron declarados culpables y condenados por cometer crímenes contra la humanidad, como masacres, pillaje y otros delitos. El Consejo de Crímenes de Guerra de Nuremberg también desmanteló el cartel IG Farben, que se disolvió en las empresas Hoechst, Bayer y BASF. Hoy en día, cada una de estas sociedades es más grande que su antigua sociedad matriz IG Farben en aquel momento.

Actualmente, los Estados Unidos de América y Gran Bretaña son las dos naciones líderes del mundo en exportación de productos farmacéuticos. De hecho, dos de los tres fármacos comerciados actualmente a escala mundial proceden de empresas de estos dos países.

Bases de la industria farmacéutica

Los acusados son responsables de la muerte de cientos de millones de personas, y aún siguen muriendo muchos de enfermedades cardiovasculares, cáncer y otras patologías, que podrían haberse prevenido y eliminado en buena medida hace mucho tiempo. Esta muerte prematura de millones de personas no es el resultado de una coincidencia ni una negligencia. Se ha organizado deliberada y sistemáticamente en beneficio de la industria farmacéutica y de sus inversores, con el único propósito de ampliar un mercado mundial de fármacos valorado en billones de dólares.

El ámbito de mercado de la industria farmacéutica es el cuerpo humano, y el rendimiento del capital invertido depende de la continuación y expansión de las enfermedades. Sus beneficios dependen de la patentabilidad de los medicamentos, lo que convierte esta industria en la más rentable del planeta Tierra.

Sin embargo, la prevención y erradicación de cualquier enfermedad reduce de manera drástica o elimina totalmente los mercados para los fármacos. Por consiguiente, las empresas farmacéuticas han estado poniendo obstáculos sistemáticamente a la prevención y erradicación de las enfermedades. Para cometer estos delitos, las empresas farmacéuticas se sirven de un laberinto de ejecutores y cómplices en el mundo de la ciencia, la medicina, los medios de comunicación y la política. Los gobiernos de naciones enteras son manipulados o incluso dirigidos por miembros de grupos de presión y antiguos ejecutivos de la industria farmacéutica. Durante varios decenios, se ha corrompido y abusado de la legislación de naciones enteras para fomentar este “negocio con las enfermedades”, valorado en miles de billones de dólares, arriesgando así la salud y las vidas de cientos de millones de pacientes y personas inocentes.

Una condición previa para el auge de la industria farmacéutica como fulgurante negocio de inversión fue la eliminación de la competencia de las terapias seguras y naturales, ya que éstas no son patentables y sus márgenes de beneficio son escasos. Además, estas terapias naturales pueden ayudar a prevenir de forma efectiva e incluso a eliminar enfermedades, debido a sus funciones esenciales en el metabolismo celular.

Como resultado de la eliminación sistemática de las terapias de salud natural y del desarrollo de los sistemas de salud pública en la mayoría de los países del mundo, la industria farmacéutica ha provocado que millones de personas, y casi todas las naciones del mundo, dependan de su negocio de inversión.

Un negocio fraudulento organizado

La industria farmacéutica ofrece “salud” a millones de pacientes, pero no distribuye los bienes. En su lugar, distribuye productos que simplemente alivian los síntomas al tiempo que mantienen la enfermedad subyacente, como condición previa para el futuro de su negocio. Para disimular este fraude, las empresas farmacéuticas gastan el doble de dinero en ocultarlo que en investigación sobre terapias futuras.

Esta estafa organizada es la razón por la que este negocio de inversión pudo continuar, durante casi un siglo, oculto tras una cortina de humo estratégicamente diseñada, que les convierte en “benefactores” de la humanidad. Las vidas de seis mil millones de personas y las economías de la mayoría de los países del mundo han sido tomadas como rehenes por los actos delictivos de esta industria.

Desenmascarando el “negocio con las enfermedades”

A lo largo de los últimos diez años, he dirigido los esfuerzos para desenmascarar el fraude organizado de esta gigantesca industria de inversión en el planeta. He desempeñado un papel decisivo al señalar que el mayor obstáculo para mejorar la salud de los seres humanos es la propia industria farmacéutica y su naturaleza como negocio de inversión motivado por la expansión de las enfermedades.

Como científico, tuve el privilegio de descubrir la verdadera causa de las enfermedades cardiovasculares y de otras patologías crónicas. Junto con mis colegas y otras personas, he desempeñado un papel fundamental en la investigación de alternativas efectivas, naturales y no patentables frente al “negocio con las enfermedades” de la industria farmacéutica. La identificación de las moléculas naturales que optimizan el metabolismo celular hace posible que la humanidad pueda prevenir y eliminar en buena parte la mayoría de las enfermedades más comunes de hoy en día, como las patologías cardiovasculares, el cáncer y muchas otras.

La verdadera epidemia: Come mierda.

El doctor David Servan-Schreiber , habla de cómo en los últimos treinta años la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud sólo ha analizado unas 900 sustancias sospechosas de ser cancerígenas, de entre las decenas de miles de sustancias que la industria ha generado.. Y apuntaba cómo de entre todas esas sustancias que habían sido estudiadas sólo una ha sido clasificada como no cancerígena, 95 como claramente cancerígenas , 307 como probablemente cancerígenas y 497 que aún no han sido evaluadas adecuadamente. Denunciaba el doctor que ,pese a ello, muchas de las sustancias más peligrosas siguen utilizándose generalizadamente, como sucede con el benceno.

los industriales , favorables obviamente a que tales sustancias conflictivas sigan utilizándose en aras de intereses comerciales, tratan frecuentemente de quitar importancia a los riesgos arguyendo que los niveles a los que normalmente nos vemos expuestos son un centenar de veces inferiores a las dosis que se consideran tóxicas para los animales. bióloga Sandra Steingraber. Que en 1995 el National Toxicology Program de los Estados Unidos intentó realizar una estimación de cuantas sustancias químicas , de entre las 75.000 que había en el mercado en ese momento, podían ser cancerígenas. resultó que entre el 5 y el 10 por ciento del total eran cancerígenas, de modo que ello significaba que nos vemos expuestos habitualmente a entre 3.750 y 7.500 sustancias cancerígenas. al ser miles de sustancias estaríamos expuestos a entre 37 y 75 veces la dosis considerada tóxica para animales. no se tienen en cuenta, como el efecto cóctel o que otras o las mismas sustancias pueden actuar ,por ejemplo, debilitando el sistema inmunitario o generando determinados desarreglos hormonales que pueden favorecer el cáncer directa o indirectamente. Es decir, que la subestimación de los daños de esas sustancias puede ser ,realmente, sideral.

crece la evidencia científica acerca de estas cuestiones, por otro lado ya bastante evidentes por sí mismas, ello no está haciendo, paradójicamente, que deje de crecer la generación de buena parte de las sustancias que se sabe que son peligrosas. En España, por ejemplo, según datos del Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE), que depende del Gobierno español, la producción de sustancias cancerígenas había aumentado un 50% en el lapso de tan sólo 10 años, pasando de 1.629.939 toneladas en 1994 a 2.447.806 toneladas en 2004 las cifras reales debían ser muy superiores, ya que las cifras citadas se referían sólo a 18 sustancias (3) de las muchas que realmente se generaban, porque son las únicas sustancias cancerígenas incluídas en la Encuesta Industrial Anual de Productos (EIAP) que se ocupa solo de 5.000 de entre las cerca de 100.000 sustancias que se comercializan. crece de día en día el número de nuevas sustancias sintetizadas que pueden tener efectos importantes.

Mientras crece la generación de sustancias cancerígenas ,y con ello obviamente la exposición humana a las mismas, las estadísticas sanitarias muestran también un crecimiento de los casos de cáncer. Hasta el punto de que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el cáncer ha crecido un 19% desde 1990 y , basándose en las tendencias observadas, la previsión es que para el 2020 el número de nuevos casos de cáncer crezca en un 50% (4). También es especialmente significativo que precisamente haya más cáncer en los países más industrializados. que la mayor parte de los tumores no obedecen a factores genéticos sino ambientales y que incluso en el caso de muchos de aquellos en lo que lo genético tiene un papel es probable que no se manifestasen sin la concurrencia de una serie de elementos ambientales que lo favoreciesen.

premios Nobel, como Jean Dausset y François Jacob– que advertían que la contaminación química es “la causa principal de azotes de la humanidad tales como el cáncer, la infertilidad y las enfermedades congénitas” (6) . Los firmantes concluían ,como ya se dijo con anterioridad, que los avances en investigación médica no serán nunca suficientes para conjurar la amenaza si no se aplica el principio de precaución y se evita la producción de las sustancias tóxicas responsables. Y decían esto porque es evidente que es un error de base dejar que las causas sigan obrando impunemente , permitiendo que el número de nuevos casos crezca y crezca, mientras casi todo el esfuerzo parece centrarse en los tratamientos. Es algo de sentido común perfectamente recogido en ese refrán castellano que reza que más vale prevenir que curar. Es cómo si viendo que una bañera va a desbordarse por que hay un grifo abierto, nadie cerrase ese grifo y se conformase con ir llenando de agua un cubo tras otro.

De forma absolutamente inexplicable, pareciera que una parte de la clase médica se conformase con el lamentable estado de cosas actual, permitiendo que el número de enfermos crezca y crezca y dedicándose tan sólo a tratarlos, a llenar cubos de agua, cubos de enfermos, sin apostar nunca por cerrar el grifo que causa la enfermedad. Lo que está sucediendo es que el grifo abierto es de tales dimensiones que hace ya mucho que la bañera del cáncer está desbordada y que no hay suficientes cubos o tratamientos para tan siquiera poder disimular lo que pasa.

Las dimensiones del cáncer hace ya mucho que superan lo que cualquier novelista de ciencia ficción pudiera haber escrito hace tan sólo unas décadas. Y ya no es admisible tolerar enfoques tibios por parte de una parte de la clase médica. Enfoques tibios que desoyen lo que la investigación científica más puntera lleva ya mucho tiempo diciendo. Ya no es admisible, por ejemplo, que un médico, a la hora de hablarnos del papel que en algunos tumores tienen las dietas ricas en grasa , nos hable de esas grasas como si fueran las de hace cien años, como si ahora no se supiera que esas grasas están cargadas de una gran cantidad de compuestos tóxicos sintéticos. El National Cancer Advisory Board alertó al Congreso de los Estados Unidos sobre esta cuestión ,dejando bien claro que “la inadecuada aceptación de la importancia de los contaminantes en la dieta y el ambiente estaba siendo un obstáculo para la prevención del cáncer (7) . Ése organismo asesor consideraba imperdonable la falta de información de la población acerca de los contaminantes que podían existir en la comida y el agua, por ejemplo, lo cual convertía en patéticamente insuficientes , si no ridículos, los consejos nutricionales que pretenden prevenir la enfermedad. ¿Cómo va la población a adoptar una dieta saludable si se le hurta el conocimiento de estas cosas?. La información sobre estas cosas debería ser un eje de cualquier política preventiva de la enfermedad que pretendiese ser algo más que una pantomima. Sorprendentemente no se hace. ¿Por qué?.

Tampoco es admisible que muchas veces, cuando alguien es diagnosticado de cáncer, el médico, que generalmente no tiene ni idea de la causa real de ése tumor, simplemente espete al paciente cualquier cliché acerca de los genes o el tabaco ,por ejemplo, para salir del paso. El respeto que merece el paciente debería hacer que el médico le informase de lo que en estos momentos sabe realmente la ciencia.

Es cómo si, de cierta forma, al haberse centrado la política sanitaria no en la prevención sino en el tratamiento, no hubiera ojos más que para esto último y las causas hubieran dejado de importar. Como si al aludir a las mismas valiese con despacharlas con cualquier lugar común. Pero no puede darse por bueno, como si fuese una fatalidad, desentenderse de las causas de algo. Hacer tal cosa es inadmisible. Ya no son admisibles esas cómodas vaguedades que obvian asuntos cruciales que ningún médico serio puede desconocer.

A estas alturas son tantos miles de artículos científicos los que se han publicado sobre estas cosas que nadie puede alegar ya desconocimiento y comportarse como si el mundo en el que vivimos fuese el bucólico escenario anterior a la Revolución Industrial.

Algunos investigadores como Clapp, Howe y Jacobs, de la Universidad de Massachussets Lowell, se están esforzando mucho por hacer que la sociedad lo vea (8) . Tras dedicarse a revisar centenares de investigaciones recientes sobre las causas ambientales del cáncer ven meridianamente claro que ya no podemos conformarnos con ciertas manidas formas de explicar el incremento del cáncer en los países industrializados. Que no basta con culpar , por cómodo que resulte, a cosas tales como el envejecimiento de la población , el tabaco , la dieta (entendiendo ésta de una forma vaga que no contempla explícitamente las sustancias tóxicas que porta) o los genes (“simplemente, nuestros genes no cambian tan deprisa”, aclaran). Estas cosas , nos dicen Clapp y sus colegas, no son suficientes para explicar la brutal explosión de casos de cáncer que se ha vivido en una sola generación. Porque estamos hablando de una auténtica explosión: la incidencia global de todos los casos de cáncer creció la friolera de un 85% entre 1950 y 2001 (9) , tendencia que, lejos de aminorarse, se acelera cada vez más (10) .

Nos recuerdan Clapp y sus compañeros que mientras que “hacia 1950 cerca de uno de cada 4 americanos podían esperar un diagnóstico de cáncer a lo largo de su vida. Hoy cerca de uno de cada dos hombres y una de cada tres mujeres esperan escuchar tal diagnóstico”, hasta el punto de que hoy en cáncer es “la segunda causa de muerte en términos absolutos y la primera entre personas con menos de 85 años” (11) .

Lo que lamentan estos científicos es que a pesar de las dimensiones del problema exista una triste tendencia que lleva , a la hora de hablar de medidas preventivas, a aferrarse a medidas vinculadas a factores que sólo inciden muy puntualmente, como el tabaco, el cual nunca ha sido vinculado a la mayoría de los cánceres , en especial aquellos que más están creciendo en los últimos tiempos como los “melanomas, linfomas, cerebrales y de médula” .

Uno de los cánceres cuyo incremento es más elocuente en muchos aspectos ,como el que tiene que ver con el peso injustificado que algunos, al margen de las lecciones de la ciencia, quieren dar al envejecimiento, es el del cáncer de testículos que habría duplicado en los últimos su tasa de incidencia global, en todas las edades (12) y que “afecta más comúnmente a hombres de entre 20 y 30 años, habiéndose incrementado en este sector de edad al menos un 75% entre los años 70 y los 80, no pudiéndose atribuir a una mejora de los diagnósticos” (13). Pero es que los tipos de cánceres que se están disparando son demasiados. Los investigadores John A. Newby y Vyvyan Howard , de la Universidad de Liverpool en el Reino Unido, comentan como en éste país se ha dado ,por ejemplo, un incremento de un 38% en los casos de cáncer de próstata o de un 18% en el de mama y en el linfoma no Hodking , y todo ello tan sólo entre 1989 y 1998.

Para los investigadores de la Universidad de Massachussets Lowell no es en absoluto casual que el incremento del cáncer haya coincidido con una serie de cambios que cobraron fuerza especial tras la Segunda Guerra Mundial. Antes de aquella conflagración no había tantos plásticos, detergentes, disolventes o pesticidas, ni existían muchas de las industrias ni fuentes emisoras de sustancias como mercurio, plomo, arsénico, tolueno, tricloroetileno, DDT, pentaclorofenol,.. que hoy tienen a menos de seis kilómetros de su casa una sexta parte de los norteamericanos, así como otros centenares de focos diversos de contaminación hoy existentes.

En las últimas décadas hemos sido testigos de unos cambios muy notables en la calidad del entorno en el que vivimos. Y no es casual que tantos estudios científicos registren cómo precisamente en esos lugares donde ciertas sustancias se hacen más presentes, también se haga más presente el cáncer. Como nos dicen estos investigadores, el cáncer “es más común en ciudades, en estados agrícolas, cerca de puntos de vertido de residuos peligrosos, en lugares donde llega el viento desde ciertas industrias, y alrededor de ciertos pozos de donde se extrae agua para beber. Los patrones de una alta incidencia y mortalidad por cáncer están ligados a áreas con uso de pesticidas, exposiciones laborales tóxicas, incineradoras de residuos peligrosos y otras fuentes de contaminación”.