Checha for Morphine.

Hola muchachos, e vuelto. La vos del tipo era de merca, esa que no se ahoga  ni con mil escavios. El Checha era así, imposible de ser agradable a nadie, la persona justa con la cual no te queres encontrar en ningún lado. La transa era su alegría, su estilo, y era el mejor. La pena era esas convulsiones que estaba padeciendo su mujer, en el baño revuelto, con los ojos fijos en ningún lado, la espuma por la boca y esa hermosa apariencia de ángel caído embaucado por un destino blanco rico y demoledor. Checha la había sacado de la clínica casi a los empujones, no era nada sin su mujer despierta, tomaba mas que el pero siempre razonaba mejor, que ese cerebro autónomo suyo el cual nunca le respondía cuando le preguntaba porque, Sheila pensaba y  Checha, como un sicario, ejecutaba. Por eso, el rollo de la desintoxicación y la cura no le había hecho mucha gracia. La fue a buscar, el sabia que ella en el fondo lo estaba esperando. Debían pagar cada uno de los gravámenes que tenia el tiempo en su recorrido mortal al desatino, gramo por gramo. Pero de a dos, juntos, eso solo era un tramite, como cuando se muda los restos del cementerio al nicho. Estaba todo preparado para que saliera mal, y mayormente cuando es así aquello indivisible transcurre por el camino normal del desastre. Y si en realidad no era así? Después de instalarla en la casa, la dejo al cuidado de toda la guita y una buena cantidad de cocaína para consumir en el viaje asía la misma mierda, pero como ella era una adicta decidió que la mierda era suya antes de  podrirla toda.

Checha salio le dio un beso y tomaron juntos, saludando a los fantasmas de las persianas bajas. Después se sirvió un poco mas subió al coche esnifó, encendió el motor, miro la guantera del auto y observo que el treinta y ocho largo lo miraba con su único ojo, cerró y arranco. Sheila llamo a su mama para despedirse, le dijo que pasara por ahí, no se animaba a salir, Checha se había ido y ella tomaba por el y por supuesto que por si misma también, cuando Lisa llego la encontró en el piso con la cortina del baño tapándole medio cuerpo que temblaba cada ves que lo hacia la mujer, y eso era seguido. Lisa sin asustarse, como si fuese una cosa obvia le saco la cortina de encima y fue a  buscar el teléfono inalámbrico,  no lo encontró en la mesita de luz, en su lugar había una montaña considerable que ningún drogon dejaría sin probar, y unos gordos fajos de billetes que ningún ladrón dejaría de robar. Lisa tenia esas dos característica así que después de armarse dos lagartos y hacerlos cueros para su nariz, encontró el teléfono para llamar a emergencias y en su cartera el lugar justo para el botín obeso. Era jueves y faltaban un par de medidas para las nueve. Cuando la ambulancia llego tenía 124 pulsaciones. La puta madre, pensó el paramédico que linda mina, llamo al camillero ¡Apúrate que se nos va!! El camillero entro y miro al paramédico mordiéndose los labios, dale pelotudo dame una mano así la llevamos, el paramédico miro los ojos azules vidriosos de Sheila y se dio cuenta que si no fuera porque estaba casi muerta la hubiera llevado a un buen telo o quizás en la misma camilla la haría revivir a base de buenos empellones,  no iba a ser la primera ves que lo hacia…bueno con ella si.

Sheila era  de esas rubias que te podían gatear todo, y ese todo para ella era la milonga. La mujer perfecta para desesperarse, esas noches donde te sentís con suerte de estar pegado a un buen culo calido. La ambulancia voló, Lisa cerro toda la casa no sin antes separar un montoncito para consumo personal, se subió al auto y salio para el hospital.

Checha se arriesgaba mucho, y su mujer mas, siempre le ponían el cuerpo a todo, era como si no quisieran dejar nada para los gusanos. Pero el trancito de esta vida es tan corto, que uno ni cuenta se da que se fue todo a al carajo.

Tercer noche si dormir, dejar, safar pero con guita, era un plan de diez años y nunca se llevaba a cabo, hasta esta noche de zarpe y ejecución. El panorama no era el mejor, Sheila estaba en el hospital y el si saber nada estaba apunto de cumplir con su régimen normal de vida, nadie existe demasiado si no piensa en otra cosa mas que en la salvación. La salvación es imposible si uno quiere vivir, la salvación es la muerte, el único lugar en donde no hay nadie que te pueda decir ¡¡hey amigo volvete para allá no te queremos!!, la muerte es el club mas popular del cual todos formaremos parte y casi ninguno quiere la membresía sin saber que uno es socio desde el momento que un espermatozoide fecunda al ovulo.

Dejo la puerta del coche abierta y las llaves puestas, nadie osaría  tocarlo. Camino por la calle de tierra, hasta que el pasillo se lo trago, el pasillo era su lugar. De ese túnel de oscuridad había salido Checha, el único que jamás había caído ni por hurto, y el único que había terminado la secundaria. Pero el vicio tiene deseos implacables sobre los buenos, y los buenos son encantadores cuando se transforman en porongas. El poder los apaña y sus cerebros descansan subrayados sobre mil líneas, ya no es necesario, lo único que es indispensable es la sangre fría y que el fierro responda cuando tiene que hablar. Todos los tranzas de ese turno lo saludaron, el se paro delante de cada uno y los palmeo, hablándoles al oído todos sonrieron, menos Checha, a Checha le dolía las sonrisas, su boca siempre estaba tiesa. Apago el Marlboro en el marco y le dio una patada con toda la suela a la puerta, ella débil y persiste se golpeo contra la pared, ruido seco de chapa y vidrio sonando como un timbre fatal para anunciarse. No podía ir hacia atrás, atrás todo, adelante la nada y un sabio casi muerto siempre piensa en la nada, por eso cuando se sentó entre Adriana y Marquitos jamás entro en cuentas que le iba a meter tres balas a cada uno. Solo lo sabia su dedo en el gatillo que aquéllos dos se transformarían en cadáveres jóvenes.

Felicidades, se ganaron un pasaje  para ir a dormir, susurro  y en menos tiempo que un riff  corto de Vogan estaban fritos, ahora el tema de los socios ya era historia. El poder no tiene socios y si los tiene no es poder.

En el hospital Sheila tenia su sexto paro consecutivo, las cosas estaban bien putas. Checha cuando termino de darse cuenta ya tenia en un bolso todo lo que necesitaba para comenzar una nueva vida, Bariloche lejos de toda esa cagada que tenia que vender.

Los tranzas son así, la traición esta adentro de una bolsa. Y ellos manejan cientos por turno. Pero el atraco era grande de verdad; en un bocado se había deglutido a la pareja de narcos que tenían toda la villa a su merced. Era una pelotudes hacer un laburo ahí, pero el hombre es tozudo y desubicado, y peores son las consecuencias, mas arremete contra su desgracia. Tenia que llegar a San miguel, solo, duro muy duro y con el audi en la puerta de la villa, velocidad, rajar. No podía fallar. Ja,  se reía solo, nadie podía pensar que alguien lo iba hacer? Cuando la mano es tan fácil hasta de las mejores cartas son para desconfiar, pero que lindo es ganar una partida así.  Imbeciles murmuro y el digital marcaba 180 por la Avenida marques. Una locura, una hermosa y temible locura.

Seguidos como adoquines eran los paros de Sheila, tuvo tantos que el corazón se golpeo entre piedras, tanto que ya ni la hacían temblar. Fueron 25, veinticinco paros cardiorrespiratorios vividos a toda válvula.

Médicamente si sobrevivía iba a ser un cadáver viviente. Es preferible ser la primera versión, simplemente un cadáver. A Sheila le estaba yendo chingado.

Checha prendió la música en el auto, y Morphine sonaba con have luky day. El borde de la narcolepsia  lo llevaba a pensar tan rápido que no disfrutaba nada, pero cuando escuchaba morphine se asemejaba a un ser normal. Llego a san miguel por hurlingan, dio una vuelta y paso por enfrente de la esquina donde en su momento fue el local de  Somos discotehc, ese fue su mejor momento solo quería ir a bailar y conocer chicas, pasarlo con amigos, eso ya estaba casi 30 años atrás, era tan hermoso recordar. Pero ese minuto ya había pasado estaba en el lugar y tenia que ver al Chino.  -Chino estoy acá en Tribulato a dos cuadras de tu negocio, te espero. Se escucho del otro lado del celular. Tiro el aparato en el asiento donde siempre cruzaba las piernas Sheila y algo le pareció mal, desacelero, el semáforo se puso en rojo freno, dudo en que pensar entonces le rogó a las piernas de su mujer para que estuviera la plata. Lo demás, después de eso, seria simplemente suerte.

Lo peor de todo es que la fortuna es tan mujer que solo le da la mano al mas osado, y sabemos que los riesgos son estupidos y tan ricos como la merca colombiana combinada con una buena mulata para garchar.

Estamos delante de la tragedia clásica de un romano, solo falta las escaleras y Coppola filmando, pero la vida no es una película.

El audi parado, el mimo malabarista comenzando su acto de limosna disfrazada. La vida para aquel ser era un semáforo en rojo, bajo el vidrio. siempre colaboraba con dos pesos para que de ningún modo se extinguieran. Saco el efectivo y justamente con el la noche le dio de propina dos motos, una en cada lado de su carro de la buena suerte, un caño frió en la cien, el otro apuntando al otro lado del vidrio del acompañante, es pisar el acelerador y salir y ver el fogonazo, el tímpano que estalla y los ojos crudos de rojo explosión y no pensar en nada mas que en la muerte, ni un puto recuerdo, un miserable endeble que no tenia solución, su vida la había perdido y ni la podía recordar mientras se moría.

Entonces el Audi se abraza al poste de la luz de mercurio y los esbirros terminan su trabajo, 25 tiros más, el bolso es el único que no sale agujereado de adentro del coche. El objeto inanimado sube  veloz a la moto ayudado por su custodio y nada más, simplemente el bolso, el bolso o la vida… y el diablo siempre se lleva las dos.

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