Réquiem de un desocupado. Vol. 1

Hace ocho meses que, como se dicen en España, estoy parado. Parado es desocupado, desangelado, descubierto, desarraigado, desnudo. Es extraño como funciona el mundo, sin mi. Todo se mueve como cuando yo era parte de el, creo que no me extraña, el micro del colegio pasa a la misma hora de siempre, el camión de la basura también, pero mi estado es como de letargo, como si mi reloj biológico viviera unas vacación que rozan la pereza. El otro día caminando por las calles buscando trabajo comencé a notar que me repetía en otras gentes, oscuras y grises caras mías con carpetas de cartón marrón, rusticas y de pésimo gusto, baratas por supuesto, bajo del brazo. Seguro que dentro de ella estaría una vida laboral hecha frió c.v, casi en lo correcto estoy. No me alejo de la realidad y me fijo el nombre en las frentes y me repito en mi apellido, en todos esos c.v, soy yo. Nunca me sentí pertenecer tanto a algo. Jamás estuve tan seguro de que cada uno de los desocupados que me cruce ese día sabían que yo era ellos también repetidos en grises caras conocidas. Las suyas.La mia. Buscar trabajo en situaciones adversas no solo debilita el animo si no que además carcome la autoestima. Mientras los colectivos pasan igual que todos los días, cada ves mas se juntan parados en los pasillos carpetas y clasificados que llevan los portadores de mis caras de la derrota por no estar moviéndose como los demás componentes de la vida ordinaria que tanto mal me trataba cuando pertenecia, ordinaria como esta carpeta que tengo bajo del brazo.

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